Con el paso de los años, es común notar que actividades sencillas, como abrocharse los zapatos o alcanzar un objeto en una repisa alta, se vuelven más difíciles. Esta pérdida de flexibilidad se conoce como disminución del rango articular, y es uno de los factores que más impacta la independencia funcional del adulto mayor. No se trata simplemente de «sentirse tieso»; es una señal de que nuestras articulaciones están perdiendo su capacidad de movimiento completo, lo cual puede derivar en una postura encorvada, alteraciones en la marcha y, lamentablemente, un mayor riesgo de caídas y lesiones graves.
Las causas son variadas: desde el desgaste natural del cartílago y la pérdida de elasticidad en tendones y ligamentos, hasta procesos inflamatorios como la artrosis o la falta de actividad física constante. En geriatría, abordamos este problema de forma integral. No buscamos que el paciente realice movimientos gimnásticos, sino que mantenga la movilidad necesaria para sus actividades básicas diarias. La clave reside en la movilización temprana y el ejercicio terapéutico diseñado a medida, que ayude a lubricar las articulaciones y fortalecer los músculos que las sostienen. Mantener nuestras articulaciones activas es fundamental para conservar la autonomía y evitar que el cuerpo se convierta en una limitación para disfrutar de la vida.
Dr. Raúl Pineda
Centro de Geriatría de Guatemala


