El peligro silencioso del hígado graso en el adulto mayor

A lo largo de mis años de experiencia en la atención del adulto mayor, he notado cómo algunas condiciones de salud avanzan de forma silenciosa, ganando terreno sin mostrar síntomas evidentes. El hígado graso es, sin duda, una de las más preocupantes en la práctica geriátrica actual. A menudo se piensa que la acumulación de grasa en este órgano es un problema exclusivo de la juventud o de desarreglos alimenticios pasajeros, pero en la tercera edad el panorama cambia drásticamente. Con el envejecimiento, el metabolismo se vuelve más lento y la capacidad del cuerpo para procesar las grasas disminuye, facilitando su almacenamiento en las células hepáticas. Lo verdaderamente alarmante de esta condición es que no suele provocar dolor ni molestias llamativas en sus etapas iniciales. Muchos pacientes descubren que padecen de hígado graso de manera completamente incidental, tras realizarse exámenes de rutina por otras razones. Si no se interviene a tiempo con un diagnóstico preciso, la inflamación constante puede progresar hacia una fibrosis y, eventualmente, desencadenar una cirrosis hepática o fallas funcionales severas. Esto no solo compromete el órgano afectado, sino que también desestabiliza el control de otras enfermedades crónicas comunes, como la diabetes y la hipertensión arterial. Por ello, abordar este padecimiento requiere un enfoque médico integral, adaptado a las necesidades específicas y la fragilidad de cada paciente mayor. El tratamiento efectivo no se limita a sugerir cambios drásticos en la dieta, sino que exige un seguimiento médico riguroso, ajustes en la medicación habitual y un plan de estilo de vida personalizado. La prevención y la detección oportuna siguen siendo nuestras mejores herramientas para asegurar una vejez plena, activa y con una alta calidad de vida. No debemos esperar a que aparezcan complicaciones graves o fatiga extrema para prestar atención a la salud de nuestro hígado. Cuidar de este órgano vital es un pilar fundamental para proteger el bienestar general y garantizar la longevidad de quienes más amamos.

Por: Dr. Raúl Pineda / Médico Especialista Geriatra

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